El pasado rural como construcción del paisaje
2013-03-28
Ni los álamos carolinos, ni los eucaliptus en hilera, ni el roble inmenso a cuya sombra estamos, ni las acacias que encierran el fondo, ni el cactus exótico, ni la tuna que tan anacrónica resulta en el paisaje actual Por supuesto, tampoco la casa vieja y criolla.
Ni los álamos carolinos, ni los eucaliptus en hilera, ni el roble inmenso a cuya sombra estamos, ni las acacias que encierran el fondo, ni el cactus exótico, ni la tuna que tan anacrónica resulta en el paisaje actual Por supuesto, tampoco la casa vieja y criolla. Ni la casa nueva de aproximado aire italiano y que apenas si lleva un siglo sobre sus muros; tampoco el camino ni la tranquera ni los pilares sobre la ruta de tierra, en uno de los cuales se lee en letras azuladas sobre mayólica blanca: \"La Armonía\" y más abajo una cifra que obviamente señala un año: \"1857\". Estamos a unos diez kilómetros del pueblo de Las Heras, algo más allá de Marcos Paz y no demasiado lejos de Cañuelas; somos unos quince invitados. En la charla y como al pasar, la historiadora María Sáenz Quesada y el arquitecto y asimismo historiador Carlos Moreno explican que aquí, en la llanura pampeana, todo lo hizo o lo trajo el habitante colonizador, pues lo que antes había en ella es hoy muy poco reconocible, excepción hecha, en cuanto a notoriedad, del horizonte, de las aguadas y del cielo. \"Todos sabemos y repetimos que el inmigrante trabajó muy duro y eso es parte aceptada y consagrada de la gesta argentina, pero para nada es justo tener por haragán al criollo que lo precedió, esforzado pastor de un ganado que también era adventicio y a cuyas manos se debieron las primeras viviendas, los primeros sembrados, los primeros bebederos.\" La visita y la conversación se relacionan con el interés de unos vecinos de Las Heras, encabezados por Inés Marre, en que se tomen medidas para preservar y conservar el casco de esa estancia que acaba de cumplir 150 años y cuyas instalaciones centrales y dependencias, y aun adminículos menores, casi no han registrado modificaciones de un siglo a esta parte. Añade curiosidad al hecho el que apenas, además, si ha sido alterado el mobiliario de la época originaria: armarios nobles y vetustos, la generosa mesa y sillones que el tiempo no ha logrado vencer vigilan la casa principal, cuyo frente interno mira a la construcción anterior desde una pequeña galería vidriada. Más extrañezas: hasta los servicios, la cocina y los baños permanecen, poco más o menos, en los años del Centenario, y a su manera también lo hace la nutrida biblioteca, mayormente compuesta por volúmenes añosos y encuadernados. Alberto Gallegos Luque, dueño actual y heredero de los primitivos, hombre menudo, atezado y con definidas facciones del país, hace una contenida y modesta reseña. Entretanto, Moreno busca detalles que sirvan de testimonio, constata la incólume firmeza de los parantes metálicos que sostienen la parra y hasta encuentra en el embaldosado sectores en los que las piezas corresponden a la etapa previa a la generalización del sistema métrico decimal. Roberto Elissalde, historiador, comprueba el estado de ventanas y postigos mientras anuncia para la colación que seguirá un salame de campo que ha traído de Santa Fe. La escritora María Lydia Torti, secretaria de Cultura del municipio de Cañuelas, expone sobre la posibilidad de constituir un circuito turístico a partir de las estancias y los lugares históricos de la zona; por último, los hermanos Grand, estudiosos afincados en Marcos Paz, preguntan por las caballadas que allí hubo y aventuran que fueran yeguarizos de estos campos los que el después general Máximo Zamudio llevó a Chile para remontar el ejército de San Martín, habida cuenta de que pertenecía a la familia propietaria. Patrimonio histórico Como el tema central es el de la \"preservación, conservación y sustentabilidad del patrimonio histórico rural\" surgió, según era lógico un intercambio de pareceres sobre la necesidad de \"poner en valor\" al del lugar y de facilitar, en el caso concreto de las estancias históricas, la llegada continua de visitantes, lo que apenas si es imaginable hoy día. Pero de momento lo interesante es otra cosa; se trataba de esa idea conocida aunque por lo común soterrada de que, en realidad, tal patrimonio viene a ser, entre nosotros y en esas vastas cercanías de la campaña porteña, prácticamente una absoluta creación humana, dentro de un orden de acontecimientos que en su forma actual quedó estructurado hace unos 140 o 130 años, al sobrevenir la simultánea difusión del ferrocarril y del alambrado. \"Ni el pasto, señores, ni el pasto; todo era distinto y todo vino con el hombre, todo vino con el estanciero inicial y con sus peones primero, y más tarde con el gringo chacarero\". Es verdad, y ese hecho bastante inusual en la evolución de los paisajes habitados debería enorgullecer a los argentinos. Alguien lo dice, quizá con un tufillo de ingenuidad patriótica: \"En Europa se dice que Dios hizo el mundo pero que los holandeses hicieron a Holanda; pues bien, ocurre que a este país lo hicimos nosotros\". La Nacion