La Globalización, desigualdad y pobreza en América Latina
2013-03-28
Desde tiempos inmemoriales la humanidad ha buscado formas de incrementar su bienestar y mejorar su estancia aquí en la tierra, formas tales como el consumo de bienes y la mayor comprensión del mundo que los rodea, han sido y son unas de las mayores fuentes de satisfacción del bienestar general del ser humano.
Desde tiempos inmemoriales la humanidad ha buscado formas de incrementar su bienestar y mejorar su estancia aquí en la tierra, formas tales como el consumo de bienes y la mayor comprensión del mundo que los rodea, han sido y son unas de las mayores fuentes de satisfacción del bienestar general del ser humano. La invención de nuevas formas de intercambio como la moneda, el comercio, la acumulación de bienes para su posterior utilización y el avance tecnológico han colaborado en una cuantía impresionante a la productividad y la eficiencia en alcanzar este bienestar, haciendo que el ser humano se esfuerce cada vez menos y obteniendo mayores beneficios1, pero en algún punto del tiempo ese esfuerzo por mejorar e incrementar la calidad de vida de la humanidad se fue torciendo hasta convertirse en un afán por la acumulación de bienes y conocimiento, desviándose del objetivo de estas herramientas que es hacer que el ser humano se desarrollo tanto física, emocional, cognoscitiva y espiritualmente. Una de las herramientas para esta mejora en la productividad y hacer mas eficientes los mercados y llevarlos a escalas mundiales, es el fenómeno de la Globalización; tras décadas de integración económica y traspaso de conocimiento para la mejora del bienestar de los pueblos y naciones de todo el mundo, se llegó a la conclusión que esta sería una herramienta fundamental para el crecimiento económico, como requisito indispensable del desarrollo de los países y así de esa manera erradicar uno de los peores males que aqueja a la humanidad, la pobreza; es cierto que la forma con que se formulan estas soluciones tienen toda lógica, por supuesto los resultados serían los esperados si las reglas y procedimientos se aplicaran en equidad de condiciones, lamentablemente los resultados (al menos en países como los nuestros), son todo lo contrario.