La educación en la era tecnogerencial
2013-03-26
La era tecnológica y gerencial se expande por todas las instituciones, sean éstas de carácter privado-mercantil o públicas-social
La institucionalización (la escolaridad) de la educación representó un primer despojo de la formación educativa como proceso natural de la sociedad. Su planificación, su sentido, su método asumen en la escolaridad una funcionalidad para cumplir determinadas exigencias en relación – como en toda institución- con los intereses de sectores dominantes. Pero aún en este primer momento de la escolaridad - aunque ya no general para todos los seres humanos sino para una élite- mantiene una concepción totalizante del saber educativo. Tanto la institución como sus actores fundamentales: alumno, docente, comunidad, mantienen una concepción general del sentido de la educación, el para qué, para quién, el cómo del proceso. Al comienzo de la edad moderna, la educación ilustrada se sostiene pero comienza a ser fragmentada con el surgimiento (de la ciencia, en general, pero más aún) de las diversas disciplinas científicas y el rompimiento definitivo de éstas con la filosofía. En este momento la pedagogía como saber no sólo se desarticula, a nuestro modo de ver, desaparece. La educación, como el conocimiento se pragmatiza para dar respuesta a la división del trabajo. Desde la escuela a la universidad el ser humano recibe información sobre disciplinas aisladas, al igual que con la alienación del trabajo, el educando pierde el sentido general de la realidad, estudia sólo parte de ella por separado (física, química, literatura, filosofía, matemática) como sí se tratará de piezas, no existe la capacidad del pensum de estudio ni en la capacidad de los docentesy mucho menos de los estudiantes de articular esas partes para integrar una realidad. En las universidades prima el parcelamiento de las escuelas y facultades que sólo se integran en cuestiones administrativas, pero que no producen ni conocimientos ni soluciones interdisciplinarias. Desde hace muchos años, la escuela ha sido acusada de un profundo agotamiento, de ser una de las instituciones con mayor resistencia a los cambios, muchos han decretado su muerte. En el contexto del proceso globalizador y del debate postmoderno este cuestionamiento se agudiza y debemos coincidir con algunos de los razonamientos críticos que se hacen al respecto: 1.- La institución escolar ha sustituido en buena parte el proceso social y natural de formar a los miembros de una sociedad, desplazando a la familia, a la comunidad, al trabajo, es decir convirtiendo a la educación en un proceso temporal no permanente. 2.- El currículo ha sido una reproducción de la división del trabajo y de las ciencias propio de la modernidad capitalista. Desde las primeras letras hasta las universidades se descarga sobre los alumnos la información de una diversidad de disciplinas muchas veces desarticuladas y sin sentido. 3.- Desde los ministerios o direcciones nacionales de educación se baja esta información y se concentra en el papel del maestro para transmitirla al estudiante como si este fuera un ser pasivo, donde todos son tratados por igual y donde el único poseedor de la verdad es el maestro y el texto del aula. Desde las clases unidireccionales, la posición en las que se ubican en el salón de clases los alumnos y el docente, el discurso, el sistema evaluativo todo se desarrollan en lo que pudiéramos llamar la dictadura docente. 4.- En un tiempo, la educación ha sido criticada por su extrema visión humanística o centrarse en la discusión filosófica desdeñando el sentido pragmático y utilitario. En las sociedades modernas por el contrario se critica su extremo utilitarismo y su servicio incondicional a quienes demandan fuerza de trabajo, conocimiento y tecnología. En los países del tercer mundo la crítica es doble, se acusa que las instituciones escolares no forman ni hombres críticos ni tampoco el recurso humano que responda a los cambios globales. Hoy en el contexto de la globalización y la posmodernidad, la escuela no sólo la universidad, la institución educativa en general, sino el propio proceso educativo están en peligro de sustitución. Los avances tecnológicos, el hiperdesarrollo de la telemática, están amenazando severamente con desplazar la institución escolar y el propio sentido del educar. Según Novak (1982): ...El lugar del docente como el lugar exclusivo del que sabe está puesto en cuestión por la explosión de los medios electrónicos de comunicación y el acceso al saber a través de mecanismos no escolares. Lo rígido y lo permanente ya no son cualidades funcionales sino, al contrario dificultades que se encuentran en la práctica escolar. (p.32) Ya no es el reconocimiento de que nuestros pedagógicos no forman pedagogos, que nuestras escuelas y maestros poco enseñan, que lo aprendido poco sirve. No es cuestionar que la investigación educativa es ahistórica, es pragmática, que los epistemólogos sociologisantes, No, de lo que se trata es de decretar el fin y la muertedefinitiva de algo que estaba desde hace tiempo sufriendo una enfermedad aguda, la enfermedad de la pérdida de sentido, por lo tanto de deslegitimación .Tal como lo señala Ugas (1997) Si la emergencia de lo pedagógico es en sentido de lo educante, para formar –epocalmente- un sujeto educado, la escuela no da muestra de ello. En lo escolar no hay un colectivo con voluntad de saber, sino una masa sumergida en la cultura icónico – oral, direccionada por la voluntad de no saber. LA ERA TECNOLÓGICA: ¿CUÁL SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO? Pero debemos preguntarnos; ¿qué perdió legitimación?, ¿Las maneras o formas como se venían ejerciendo las prácticas educativas?, ¿o lo que se pretende deslegitimar es el propio proceso educativo? El cuestionamiento que actualmente se realiza a la educación es compartido casi universalmente, lo que hay que debatir es lo que se propone: sustituir un modelo paradigmático por otro, o simplemente acabar con la educación. Que el docente y la escuela pueden ser sustituidos por la computadora y las redes informáticas, que esto haría más cómodo (en su habitación), libre ( sin la autoridad del \"dictador docente\") y rico (mucha información de todo) el acceso al conocimiento por parte del alumno y que adicionalmente esto ahorrará dinero al Estado en docentes, administradores, bibliotecas, infraestructuras (con lo cual se le podría otorgar una computadora a todos los hogares) que la performática, de la información permitirá la masificación de la educación. Con alguna de estas posiciones pudiéramos estar de acuerdo, pero no es tan sencillo como lo aparenta. Evidentemente la escuela desde hace tiempo perdió su encanto, incumplió con lo prometido. La escuela por su exacerbado formalismo ha sido acusada de acabar con la creatividad del niño, \"Yo era inteligente hasta que llegue a la escuela\" ha dicho el cantautor Facundo Cabral y Margaret Mead afirmó \"Mi abuela quiso que yo tuviera una educación; por eso no me mando a la escuela\". Frente a este formalismo escolar hoy se nos promete la libertad del ciberespacio. Pero la escolaridad no sólo es información, la escuela debe discriminar saberes, jerarquizar prioridades. La supuesta libertad informática por el contrario puede convertirse en \"libertad de la ignorancia\". Frente a este discurso antiescolar estamos obligados a exigir la contextualización del debate; ¿Es América Latinael campo propicio para sustituir la escolaridad por las redes informáticas? Solo mencionaremos los grados de dificultad para acceder a dichos medios. Hoy la población afortunada no representa ni el 18% del total. Pero lo que es peor, frente al drama de la familia que ya estaba agónico antes que la posmodernidad decretara su muerte, con todos lo males que podemos otorgarle al sistema educativolatinoamericano, su inexistencia traería consecuencias peores que todas las generadas por sus defectos. Una de estas consecuencias, es sin duda la pérdida del sentido colectivo, concretamente del sentido de lo nacional y regional (latinoamericano) las redes no generan voluntades colectivas, por el contrario, nos involucran en una perspectiva universalista de la información pero desde una plataforma individualista: la computadora y yo. Muchas críticas se han hecho a los nacionalismos, a las identidades, pero igualmente en este planeta de \"mundialización parcializada\" de globalización controlada, de intercambios y relaciones desiguales, los nacionalismos (con todos sus efectos) son la única alternativa de no ser desdibujados, de dejar de ser lo que antes éramos. En efecto, la educación en Latinoamérica, igual que las demás ciencias, nace para dar legitimación a los Estados nacionales, a las clases sociales emergentes, pero hoy ante el proceso de democratización de la región, la educación ha podido asumir posiciones críticas –aunque minoritarias- frente a las élites dominantes. Desde el surgimiento del hombre, la educación como proceso de formación y socialización de sus nuevos integrantes, ha sido un proceso inherente a la sociedad. La institucionalización de la educación con el surgimiento de las escuelas y universidades ha respondido al surgimiento de las organizaciones políticas de la sociedad, desde la ciudad- estado de los griegos, hasta los Estados Nacionales modernos. En la medida que las sociedades se hacen más complejas y surgen estos tipos de organizaciones políticas para reglamentar su existencia -y mas importante aun, garantizar su permanencia- se crean instituciones y se nombran responsables para transmitir la información pero también los valores necesarios para la existencia de esa sociedad. Esto no quiere decir que con el surgimiento de las sociedades modernas y el correspondiente rompimiento de la unidad familiar - que hasta ese momento era también una unidad de trabajo y de formación permanente- estas dejen de responsabilizarse por la educación de sus hijos. Primero, los niños entran al sistema escolar luego de haber aprendido junto a su familia un lenguaje, unos códigos, valores y elementos culturales. El tiempo escolar –para quienes logran alcanzar el máximo- tiene una duración de veinte a treinta años, durante este tiempo y luego de haber culminado el proceso institucional, este ser humano sigue conviviendo con su familia, amistades, ve televisión, va al cine, lee la prensa, luego le tocará trabajar y formar a las nuevas generaciones. Por lo anteriormente señalado, no podemos compartir con quienes enfrentan al Estado con la Sociedad Docente. Ambas son históricamente necesarias. Por lo tanto no podemos caer en el extremo de quienes persiguen convertir al sistema escolar, copiando el modelo espartano, en una especie de formación militar que desvincula al ser humano con el resto de la sociedad y lo haga adepto a una ideología política determinada. Pero tampoco, bajo el alegato del liberalismo, podemos caer en el otro extremo de dejar la responsabilidad de la educación a esa figura (a veces bastante difusa) que llamamos sociedad civil, que muchas veces se convierte en los intereses particulares económicos y también políticos de quienes persiguen desarticular el Estado Docente y aumentar sus riquezas a cuenta de la educación. La Sociedad Docente y el Estado Docente son una realidad histórica y una necesidad actual. El Estado Docente es el garante de formar la conciencia de unidad nacional, de impedir la anarquía que se produciría si cada quien enseña lo qué y cómo le da en gana, respetando los intereses particulares, el proceso de descentralización educativa para responder a las necesidades locales y nacionales. El Estado Docente es indispensable para garantizar la estabilidad de la nación. Creemos que las instituciones educativas deben estar abiertas a la participación de las comunidades, al diseño compartido de las políticas educativas, al fin es a ellas a quien se debe el sistema educativo, pero sin que esto represente la ruptura o el impedimento para constituir un proyecto educativo nacional, cuya administración corresponde tanto a la sociedad como al Estado Docente. Pero es en este último sobre quien recae la capacidad operativa de esta obligación, además nada de perjudicial tendrá cuando el Estado es la representación jurídica y legitima de la sociedad. En conclusión sin Estado Docente no hay Estado Nación. Hoy frente a los estados de pobreza de nuestros pobladores, el Estado sigue siendo el garante de una educación general. Así esta educación tenga miles de carencias. Igualmente hoy frente a la globalización, la generación de valores que formen voluntades colectivas es fundamental. Pero esta no es una educación para el chauvinismo, la xenofobia o el racismo, para despertar complejos de superioridad (etnocentrismo) es una educación para entrar al mundo pero con criterios propios y no como si fuéramos un objeto inerte, una mercancía, sin origen, sin padres, sin historia. Creemos en el universalismo que nos identifique como pares de las otras regiones y no inferiores, que nos vean como miembros de esto que se llama humanidad y que habitamos en el planeta tierra. Así lo sugiere Habermas (1989): Pero ¿qué significa universalismo?, que se relativiza la propia forma de existencia atendiendo a las pretensiones legitimas de las demás formas de vida, que se reconocen iguales derechos a los otros extraños, con todas sus idiosincrasias y todo lo que en ellos nos resulte difícil de entender, que no se empecina la universalización de la propia identidad que uno no excluye y condena todo cuanto se derive de ella que los ámbitos de tolerancia tienen que hacerse infinitamente mayores de lo que son hoy: todo esto es lo que quiere decir universalismo moral.(p.117) Educación no es sólo capacitación para cumplir una función, esta parte del proceso educativo posiblemente sea fácil de sustituir, es su nivel más fácilmente performatizable. Pero la educación como formadora de ciudadanos, pensantes, promotora de valores que dan sentido a la vida digna, formadora de un hombre crítico comprometido con su realidad, un ser social que como tal debe su existencia no sólo a su individualidad, a su ego, sino al hecho de vivir con otros (en sociedad) sin los cuales no podría existir, es decir, la solidaridad humana, el respecto, no pueden ser transmitidos por los revolucionarios medios informáticos. Esto sólo puede ser trabajo de la institución educativa sustentada por los Estados Nacionales. Pero no por las escuelas y universidades tradicionales sino por otras nuevas. Sí estas escuelas o universidades se llaman posmodernas no es lo significativo, lo que sí es importante es que bajo el pretexto de su posmodernización no se persiga su transformación sino su aniquilamiento. La institución educativa masificada más para garantizar consenso político: puestos de trabajo, burocracia, apoyo popular, es decir populismo, que para formar a una población; la universidad que sólo forma especialistas para las empresas; maestros ignorantes que nada saben cómo enseñar ni qué enseñar, que son fastidiosos, carga curriculares herméticas, memorística que son ajenas a nuestras realidades que no son pertinentes; instituciones educativas administradas, por ministerios constituidos por burócratas, políticos de turno que nada saben de educación. Todo eso debe desaparecer pero esto no puede representar el fin de la escuela. Esta escolaridad que sólo representa una formalidad de la sociedad fácilmente desaparecerá, en cierta forma ya lo viene haciendo: hoy son gerentes y principios administrativos los que dirigen nuestras instituciones. Así lo afirma Ugas:\"Si en la escuela no se asume la relación comunicacional como una relación vital – cognitiva, limitándose a cuidar normas apegados a la \"letra\" entonces, la labor no es intelectual sino administrativo – institucional\". (1997 p.16) Debemos advertir contra la amenaza de quienes bajo la vestimenta neoliberalista y posmodernista (pero que no son ni uno ni lo otro) profesan el fin de todo y la muerte de todo, pero que nada ofrecen a cambio. El discurso del \"Fin de las Escuelas\" es el mismo que los defensores de la globalización utilizan para clamar por la desaparición de los Estados (que con todo su autoritarismo y parcialidades hacia sectores élite, son los únicos garantes de la defensa y la propia existencia de la población que los conforma) o de quienes (queriéndolo o no) legitiman con su discurso del surgimiento de \"un mundo nuevo\" (postmoderno o virtual) que en mucho de los casos sólo existe en sus cerebros o tratan realidades que sólo pertenecen a los países desarrollados. Mientras tanto, el resto de los países transcurren por la injusta y desigual \"realidad real\". Mientras que se pregona el poscapitalismo, la pospolítica, el pospoder Lo cierto es que la información es en su mayoría, generada por otros, los mismos que siempre han dominado el conocimiento y la ciencia. Hoy por igual dominan y comercializan redes informáticas y computadoras como lo indica Muñoz: \"...La falsa democracia consistente en romper las jerarquías sociales (maestros alumnos) para diluir de esta manera la legitimidad frente a los dominios del saber\" (1990 p.85) Pero lo más importante es el peligro de la banalización del proceso educativo. Quienes sin ninguna vergüenza piden el \"fin de la escuela\" y su sustitución por las redes informáticas, no sólo pretenden enmascarar que la libertad ciberespacial no es tan libre, se compra y se vende, se produce y se transmite en el mundo poscapitalista igual como se hacía en el capitalismo (léase centros de poder, medios de comunicación, entre otros) sino que se iguala información (léase dato) con conocimiento. Pero aún con la inteligencia y más aun con saberes. Las redes de información lo \"igualan\" todo, el último chisme farandulero se equipara con la \"magia\" de los massmedia, con un terremoto, una revolución, con cualquier cosa. Ni amores, ni sentimientos, ni solidaridades, son abordados por la revolución informática, estos no se performatizan, a pesar del exponencial crecimiento del amor y el sexo virtual, estos no se aprenden en las redes. Allí se reproducen pero se aprenden sólo viviendo en sociedad. El conocimiento profundo y útil para la sociedad y no sólo para un sector de esta se logra en las instancias educativas, en la investigación, en la extensión universitaria, en los debates académicos. La información se comercializa, los saberes y la inteligencia jamás. Pero no con ello podemos negar la terrible realidad de que el saber educativo va muy atrás de los cambios ocurridos en el mundo, que la educación se ha quedado rezagada, pero la respuesta a esta realidad no puede ser el modismo, lanzarse detrás de estos cambios sin saber qué representan. El primer deber de la academia es estudiar la racionalidad de estos cambios mundiales que tienen en la revolución tecnocientífica su basamento. Así lo expresa Mayor Zaragoza: Por que el problema no está en el avance de la ciencia y el conocimiento, sino en sus aplicaciones técnicas, en su uso... la extraordinaria aceleración científica de las últimas décadas no ha ido acompañado de un avance análogo de la racionalidad política, bajo el predominio tecnológico el mundo pierde espesor moral y la noción de libertad se restringe y esparce... (1993 p.15) Frente a estos cambios la educación no puede ser pasiva, no se trata de negar los aportes de estos avances tecnológicos pero tampoco asimilarlos sin ninguna consideración. Los académicos no podemos ser cómplices de las nuevas y complejas redes de la dependencia. Tourine al respecto menciona: Mientras tanto, me parece que ese mundo que gira vertiginoso, sordo a las pocas voces que piden un respiro para averiguar hacia donde nos dirigimos (...) desconocemos en buena medida las características reales de la tecnología moderna y esa ignorancia envenena nuestras relaciones con ella. (1995 p.173) Los países latinoamericanos estamos obligados a transformar nuestra educación, (modernizándola dirán unos o posmodernizándola dirán otros) debemos hacer uso de las técnicas y herramientas informáticas (que para nosotros es un concepto distinto a dominar tecnologías), su utilidad no tiene discusión (rapidez, comodidad, heterogeneidad, etc.) pero no podemos creer que esto resuelve nuestros problemas educativos. Por el contrario, conformarse con ellos, solo con ellos, podría complicar nuestra ya terrible situación no solo educativa sino de nuestra propia existencia. No hay la menor duda que las instituciones escolares deben ser reestructuradas, pero una cosa es hablar de esto y otra referirse a su fin. En este trabajo hemos hecho referencia al caso concreto del uso de las nuevas tecnologías en educación y hemos comenzado por reconocer los aciertos que estos medios tienen en el sentido de la flexibilidad, la fluidez, la disminución de costos para obtener información en forma rápida y dinámica. Pero igualmente hemos dejado claro nuestra posición de que los novedosos instrumentos tecnológicos no resuelven en si mismos los problemas educativos ni generan modelos y teoríaseducativas, son solo medios e instrumentos que por sus costos y su constantes patrones de cambio son difíciles de acceder pero quizás lo mas importante, no podemos confundir información e instrumentos con conocimiento y saberes. La educación va mucho mas allá de transmitir información, es cultura, son valores, compromiso con el futuro.